Me parte el corazón ver a mis amigas llorar por desamor. A diferencia de los otros llantos, el del desamor tiene un sonido sólido, como de metales y eso me perturba. Justo hoy vi a alguien llorar como niña desconsolada ante una noticia muy desagradable de un ex que no termina de desaparecer y me puse a pensar en esa gente que llega y no termina de irse cuando se cierra el ciclo.
Ella me contaba que había hecho todo para desterrar a su ex de sus pensamientos y acciones pero no lo lograba. Recordé todas veces que he intentado borrar a la gente de mis recuerdos.
La que más me marcó fue la más reciente: meses sin comunicación y aún aparece de vez en cuando a través de los medios menos tradicionales para transmitir las noticias más incómodas. Me pregunto ¿por qué si hice el mayor esfuerzo para borrarlo, sigue informándome sobre su vida? Y seguramente eso pensó mi amiga hoy.
Hay gente que actúa como esos invitados que no comprenden que si el anfitrión se cae del sueño y están apagando las luces es porque no hay más nada que dar. Esa gente se queda aunque se acaben las bebidas, la música y los temas de conversación. Es difícil deshacerse de ellos.
Lo mismo ocurre con algunas historias, por lo general inconclusas, que quedan rondando y repitiéndose de vez en cuando. Sería genial que eso de “pasar la página” fuese tan cierto y tan fácil como suena (y como te lo dicen) pero resulta que para pasar la página realmente, toca borrarse la memoria por un tiempo. No basta con eliminar el contacto con el “sujeto en cuestión” sino que hay que bloquear recuerdos, acuerdos, palabras y momentos para que las nuevas noticias, que siempre llegan, no sean tan dolorosas. Si eso no se logra, viene la crisis.
Yo no logro llorar ante las malas noticias, aunque si he llorado por desamor. Creo que logro bloquear mis recuerdos por un rato hasta que realmente la historia no me duela. Hasta podría decirse que me anestesio un poco.
No, no creo que sea más fuerte sino que intento no aferrarme tan fuerte a los recuerdos, así se van más rápido cuando tienen que irse.
Ánimo nena, la tormenta va a pasar (eso me digo a mi misma en esos momentos).

