domingo, 14 de agosto de 2011

Palabras Olvidadas II: Por primera vez hablé de ti

Por primera vez hablé de ti, te saqué de mi cabeza y del centro de mi pecho en donde vives desde hace un tiempo. Justo antes de nombrarte, sentía como venias corriendo desde lejos iluminando el espacio por donde pasabas, llegabas calmado a mi boca para recordar aquellos besos de mar inmenso donde naufragamos muchas noches, aquellos besos que me levantaban del centro del pecho y me llevaban lejos. Justo esos con sabor a fresas, a dulces, a lirios, a cielos. Te nombré con todos los acordes que tiene tu imagen sin nombre. Te nombré como solo el amor puede llamarse, sin palabra alguna que rompiera esa comunión que lograba bajo la tierra. Te recordé y me brilló el alma con colores desconocidos por el ojo-humano y sólo cercanos al mundo-divino. Te recordé y sonrió mi piel, mis ojos, mis manos, mi pecho y hasta mis zapatos.
Conté nuestra historia por primera vez y los espectadores aplaudieron desde sus corazones de trapo y diamante. Mientras articulaba las palabras, tus manos se llevaban el remolino de mi pecho y apartaban el cabello de mi cara. Tu olor llegó como una ráfaga de brisa fresca que me levantó nuevamente del suelo para llevarme hasta el centro de tu pecho. Tu voz vino a rescatarme de ese vaivén de sensaciones y entonó esa melodía que solo mis oídos entienden, que nadie más escucha y que se parece a un coro de ángeles, sirenas y cualquier ser mitológico que se digne a compararse con tu voz de paz infinita.
Tu imagen sonriente iluminó todo hasta el punto de perder el norte, el sur y cualquier otro destino que pudiese tener. Tu sonrisa me balancea y me transforma en un péndulo que solo se mueve al ritmo que tú marques. Tu recuerdo lo invadió todo, el vagón, el tren, las vías, la estación, la calle, las tiendas los edificios, los semáforos, el aire, el cielo porteño y creó un espacio solo para nosotros. Suspendidos en un tiempo sin tiempo, en un espacio atravesado por sensaciones y en un momento que seguramente existió en otro universo. Tu recuerdo me invadió tanto y de una manera tan hermosa, tan intensa, tan clara, que no recuerdo que dije. Dudo si hablé o solo me quede en ese momento y los demás entendieron que eso solo podía ser una historia de amor. Quizás por eso la gente me sonríe en la calle, es una manera de bendecir ese amor del recuerdo y agradecer esa sonrisa que me prestas para regalarle al mundo y que saben que lleva tu nombre.
(Un texto que escribí hace tiempo y me encanta)