martes, 20 de julio de 2010

Caja de cristal

Te veo. No te das cuenta pero te veo. Siempre te he visto, hasta cuando no te conocía. Veo perfectamente tu rostro que se desdibuja en cada paso que das. Veo tus manos, que podrían construir ciudades completas, atadas por un delgado hilo de sumisión que impide que las sueltes.
Te veo en tu caja de cristal que en vez de protegerte del mundo hostil, guarda toda la hostilidad del mundo. Veo tan claro y te veo tan difuso que tu imagen me persigue en las noches. Te sueño. Te sueño vivo, medio vivo y las noches menos afortunadas te sueño muerto y no puedo hacer nada para impedirlo. Y es que, esta vez, tampoco te puedo salvar.
Me hablas. Me hablas desde lejos y sin saberlo. Me dices palabras que no logro descifrar y me atormentan los días en los que me siento más débil. No me escuchas. No te entiendo. No me puedo mantener en pie cuando te siento cerca aunque no te conozco. ¿Quién eres? ¿Cuándo comencé a ver dentro de tu caja de cristal? ¿Quieres algo de mí?
Te hablé. Me escuchaste. No me entendiste. Y yo sigo sin saber quién eres. Hoy escucho como golpeas tus paredes de cristal, esas paredes que tu mismo construiste y que te dejan fuera del mundo, cada vez más lejos de ti. Sé que si me volteo, veré como te llenas de barro como un niño que juega fuera en una tarde lluviosa, sólo que para el niño ese barro es inofensivo: sólo pescará un resfriado y un buen regaño. Mientras que tú te ensucias, te endureces, te momificas, te invalidas, te anestesias y te desdibujas cada vez más.
¿Quién eres? ¿Por qué duele tanto verte? ¿Qué generas en mí que desajusta mi sistema?
Sólo sé que tampoco puedo salvarte…
¿Tendré que quedarme observándote desde afuera? ¿Cómo hago para devolverte la calma, los colores, las ganas?
Esta vez tampoco puedo salvarte… ¿y si quisiera? ¿Si tratara de estallar tus cristales y devolverte el aire fresco, lo hermoso de los pequeños detalles, las sonrisas? ¿Me dejarías?
… tengo que recordar que no puedo salvarte… no debo olvidar que no puedo salvarte… no debo…

domingo, 11 de julio de 2010

Reloj de arena

Se me va como arena entre los dedos. Como esa arena tibia con la que juego desde que era pequeña. Se me va el tiempo como arena entre los dedos y eso que junto los dedos lo más que puedo para que no se escape ni un granito pero resulta que mis manos se convirtieron en un reloj de arena.
Se me escapan los momentos y los momentos para construir momentos. Se me escapa el ahora. Se me escapan las palabras, las pierdo, las encuentro y luego no sé a quién le corresponden. Tengo una lista de cosas que quiero hacer antes que se termine de caer la arena que me queda en las manos. Comenzando por todas las cosas que tengo por decir y que no sé como comenzar a soltar.
Las suelto conservando el anonimato para el público pero jamás en mi cabeza. Cada pensamiento corresponde a un rostro. Tú puedes ponerle el rostro que quieras.
A ti quiero decirte hasta luego.
A ti quiero pedirte perdón.
A ti quiero besarte.
A ti quiero abrazarte hasta meterme dentro de tu pecho.
A ti quiero cuidarte.
A ti quiero quererte y olvidar lo que ocultaste.
A ti quiero entenderte, entender tu momento de vida y compartir tu nuevo camino.
A ti quiero curarte.
A ti quiero verte crecer y reventar el techo.
A ti quiero hacerte reír hasta que olvides tu propia nostalgia.
A ti quiero llevarte conmigo.
A ti quiero perdonarte.
A ustedes quiero verlos triunfar.
A ustedes quiero convertirlos en aire para respirarlos siempre.
A ti… a ti te llenaría de luces.
A ti, te regalaría mi playa.
A ti quiero decirte que no tengo razón y que puedes seguir confiando.
A ti quiero regalarte mis palabras.
A ti quiero regalarte mis silencios.
A ti quiero regalarte mis deseos.
Y a ti quiero regalarte mi futuro.

Sólo que el tiempo sigue corriendo y no me atrevo más que a ponerlo en blanco y negro, esperando que puedas verte en una o varias de mis palabras y voltear el reloj de arena para darme un poco más de tiempo.