jueves, 12 de julio de 2012

Un miedo...


Y que pase el tiempo y no nos reconozcamos, que pase el amor porque se siente descuidado, desubicado, incomprendido… que pasen tus manos, que sigan su camino porque no supimos retenerlas en este campo de suavidad y espinas. Que pase todo… eso me aterra… Al final, ningún amor es tan terco para resistirse a los olvidos. Ningún amor resiste al olvido. Aunque luche y se agarre de los últimos vestigios del desamor. Que seamos dos extraños que se amaron hasta sangrar. Eso me asusta. Que los besos no vuelvan porque se sientan exiliados, prohibidos, olvidados. Que los sueños se desdibujen por el paso del tiempo, que se queden a medio color y solo se transformen en una hoja amarillenta que tuvo una historia. Eso me paraliza el corazón por unos segundos. Luego sigue bombeando sangre. Bombeando, aunque lento, colores, recuerdos y una que otra esperanza.

viernes, 6 de abril de 2012

Palabras Olvidadas III: Caja virtual de después

A veces me canso de tus "después"
Después te cuento, después hablamos, después te invito un café… tengo la terrible sensación de que esos después jamás van a llegar… qué vacío… cuanta desesperanza…
Quizás todo fue muy rápido, quizás todo fue muy corto...
Quizás aquello que nació con fecha de vencimiento, se niega a vencerse y quizás por eso es tan difícil cortar el cordón de plata que nos une a pesar de los intentos fallidos de ambos de arrancarlo de raíz.
"Quizás después" sintetiza los que soy para ti y lo que eres para mi pero es una frase que mata todo sueño, debilita las ganas y hace que piense en otra historia. Una historia en la que tú desapareces físicamente y te mantienes latente en mis pensamientos, apareces constantemente en mis emociones, casi sin recuerdos…
Y eso es lo curioso, cuando te pienso tengo 2 ó 3 recuerdos, no más… y pienso que los recuerdos no justifican la emoción. Seguramente estoy sobre-analizando todo, como siempre hago. 
Es mi látigo y aun no sé como librarme de él.
Octubre 2008

domingo, 14 de agosto de 2011

Palabras Olvidadas II: Por primera vez hablé de ti

Por primera vez hablé de ti, te saqué de mi cabeza y del centro de mi pecho en donde vives desde hace un tiempo. Justo antes de nombrarte, sentía como venias corriendo desde lejos iluminando el espacio por donde pasabas, llegabas calmado a mi boca para recordar aquellos besos de mar inmenso donde naufragamos muchas noches, aquellos besos que me levantaban del centro del pecho y me llevaban lejos. Justo esos con sabor a fresas, a dulces, a lirios, a cielos. Te nombré con todos los acordes que tiene tu imagen sin nombre. Te nombré como solo el amor puede llamarse, sin palabra alguna que rompiera esa comunión que lograba bajo la tierra. Te recordé y me brilló el alma con colores desconocidos por el ojo-humano y sólo cercanos al mundo-divino. Te recordé y sonrió mi piel, mis ojos, mis manos, mi pecho y hasta mis zapatos.
Conté nuestra historia por primera vez y los espectadores aplaudieron desde sus corazones de trapo y diamante. Mientras articulaba las palabras, tus manos se llevaban el remolino de mi pecho y apartaban el cabello de mi cara. Tu olor llegó como una ráfaga de brisa fresca que me levantó nuevamente del suelo para llevarme hasta el centro de tu pecho. Tu voz vino a rescatarme de ese vaivén de sensaciones y entonó esa melodía que solo mis oídos entienden, que nadie más escucha y que se parece a un coro de ángeles, sirenas y cualquier ser mitológico que se digne a compararse con tu voz de paz infinita.
Tu imagen sonriente iluminó todo hasta el punto de perder el norte, el sur y cualquier otro destino que pudiese tener. Tu sonrisa me balancea y me transforma en un péndulo que solo se mueve al ritmo que tú marques. Tu recuerdo lo invadió todo, el vagón, el tren, las vías, la estación, la calle, las tiendas los edificios, los semáforos, el aire, el cielo porteño y creó un espacio solo para nosotros. Suspendidos en un tiempo sin tiempo, en un espacio atravesado por sensaciones y en un momento que seguramente existió en otro universo. Tu recuerdo me invadió tanto y de una manera tan hermosa, tan intensa, tan clara, que no recuerdo que dije. Dudo si hablé o solo me quede en ese momento y los demás entendieron que eso solo podía ser una historia de amor. Quizás por eso la gente me sonríe en la calle, es una manera de bendecir ese amor del recuerdo y agradecer esa sonrisa que me prestas para regalarle al mundo y que saben que lleva tu nombre.
(Un texto que escribí hace tiempo y me encanta)

miércoles, 25 de mayo de 2011

No me perteneces

Pienso lo difícil que se me hace escribirte… escribir para ti…  
Creo que es porque te llevo conmigo siempre, me acompañas, converso contigo en mi cabeza o en mi corazón o donde sea que estés. Eso hace que te sienta parte de mi, parte de lo que pienso o siento y parezca innecesario decirte lo que me pasa. 
Luego entiendo que no, que estás fuera de mi, que sientes, piensas y te pasan cosas y me siento egoísta de nuevo… por pensar que solo existes para mi, en mi cabeza. 
El problema básico es que te pareces mucho a lo que imaginé, podría decir que te pareces mucho a lo que soñé, pero nunca he comprendido la diferencia entre la imaginación y los sueños, para mí son lo mismo. El hecho es que un día pasaste de ser un concepto, a ser una imagen, luego a aparecer en mis sueños y luego, apareciste en vivo. Quizás por eso aun me cuesta separarte de mí: siento que es como separarse de una creación. Aunque realmente, no me perteneces.

lunes, 10 de enero de 2011

Palabras Olvidadas I: Sensaciones limitadas por mi piel

Las emociones se contienen, aun más desesperadas, en el centro de mi pecho. Me armas y me desarmas al contacto de tu dedo, tus manos - tan mías- me recorren cual explorador en terreno conocido. 
Te sé, te siento y te recuerdo, cual escultor que observa de lejos su obra maestra. Todo esto solo con conocer tus manos, con reconocer tus manos que siento tan mías.
Tu piel debe tener el sabor de mil frutas dulces, lo sé por su olor ¿Qué pasaría si mis límites se desvanecieran? ¿Si tu piel deja de ser un recuerdo y si tu olor comenzara a formar parte del mío? ¿Qué pasaría?
Como Dioses, crearíamos un reino parecido al paraíso, ahí, la comunicación fluiría sin filtros… solo emociones saltando de mi piel, el centro de mi pecho sería un mar inmenso, sin límites, sin techo… Y tus manos… tan conocidas… se convertirían en un anexo de mi piel. Pero hoy hay límites,"ahoras", heridas futuras, pensamientos contrarios e incertidumbres por “mañana”.
Quizás nunca seas para mi! Quizás quedes en el recuerdo para esta vida y te pierda… Quizás eres tan mío que ya lo eres sin serlo ¿Cómo saber si tu hoy y mi mañana se parecen?  Echar todo por la borda siempre es una opción, la última pero la primera en mi caso.
Soy tan diferente de lo que fui! Mueves mis hilos cual maestro titiritero y yo lo disfruto, lo disfruto plenamente, te disfruto en cada respiro en cada palpitar pero extraño tener tu piel plena como una llanura para recorrerla con mi piel. Extraño! Extraño tus abrazos que me vuelven de agua, extraño ese beso que no llega, se retrasa y cada vez se aleja más.

El silencio es la única salida, es la puerta de entrada y las ventanas… El silencio tiene por qué y seguramente tiene perdón, tiene ahora y mañana para el resto del mundo. ¿Y para nosotros?  El silencio pierde fuerza y razón. Te respiro y tu silencio me acompaña durante horas… felices horas, sin verte donde tu recuerdo se transforma en perfume y se impregna en mí. Lo único bueno que tiene el no verte es que disfruto plenamente de tu recuerdo.
Revivir tu piel es sencillo… No necesito soñarte porque te llevo conmigo siempre.
Eres tangible y real y eso es nuevo para mí, no te soñé y apareciste, no te busqué pero te encontré. Sé que nuestra historia se va a convertir en pasado y ahí, el recuerdo será lejano y borroso y este recordarte que se disfruta se trasformará en un recordarte lleno de extrañar y quizás un poco triste.
No sé disfrutarte! Y me arrepiento mil veces de ser como soy y saber lo que sé pero no puedo deslastrarme de eso. Así soy y estoy segura de que esa es una de las cosas que más valorarías de mí si fueses otro.

Eres exactamente el tipo que no entra en mi vida! Al que le tiro la puerta en la cara aunque me muera de las ganas de estar contigo dentro… Eres mi antítesis y mi par, el otro lado de mi espejo y mi negativo, eres mi ahora y mi “no sé mañana”, mi “duda” y mi razón de escribir. Eso me pone en desventaja, no sé que soy o puedo ser para ti… Ser una ventana tiene consecuencias importantes: sólo la usas cuando quieres ver a través de ella, cuando te aburres del encierro o cuando quieres ver el paisaje o la calle. Pero ser una duda es estar siempre presente, dando vueltas, generando pensamientos, buscando preguntas y respuestas. Una duda es un motor para pensar, es un detonante de sensaciones y puede ser el botón que desencadene una guerra nuclear… Una duda…. Una duda disfrutable en todas sus dimensiones e inmanejable al paso de los días.

Te pienso a diario aunque me mienta constantemente… No estás en cada respiro pero si en cada reflexión. Cada espacio en el que me siento a pensar… es una película de sensaciones… ¿Cómo puedo evitarte si no quiero? Sería engañarme a mi misma decir que no quiero verte, hablarte, tocarte, sentirte, por eso no lo hago… Aunque pueda mentirle al mundo, no me puedo mentir a mi. No ahora que descubrí la pasión. La pasión es verdad etérea y tangible. Un día sin descubrir o redescubrir es una perdida de tiempo para mí

Y ahora que no estás, en qué te convierto? ¿Si ya fuiste recuerdo, que puedes ser ahora? ¿Puedes convertirte en nostalgia?  ¿Qué pasa cuando las ganas no pasan? Sino que se quedan ahí como un tatuaje en la piel que tratas de tapar con ropa y cuando te quedas solo, aparece y lo abarca todo…

El amor se convierte en desamor en un parpadeo… la admiración se convierte en amor al romper las barreras de la distancia física… la soledad viene sin ser invitada y desordena los ratos de paz. Las ganas no se borran a pesar de mi esfuerzo por desaparecerlas y es que te me metiste en la piel y te agarraste por dentro.

Que frágil es la pasión! Ayer eras caricias y brisa fresca y hoy dueles como heridas profundas, ayer eras sonrisas y hoy eres lágrimas que cortan mi piel Muchos momentos que pasar al álbum, te quiero en mi álbum, siempre te quise en mi álbum pero tuve que vivirte para llegar a tener tus fotos. ¿Y ahora? ¿Que hago con tu puta falta de certeza? ¿qué hago con tu felicidad obligada que no quiero? ¿qué hago con esas manos que sé que voy a extrañar como se extraña al agua, al sueño?

Y te perdí sin tenerte! Te perdí a voluntad por no querer tenerte jamás, hay cosas que no combinan, hay cosas que se mantienen mejor habitaciones separadas, tú y yo somos eso, perfectos vecinos… como esos conocidos que tienen una historia detrás, una historia de la cual no se habla… esa es mi historia contigo, la que está en el compartimiento secreto del álbum, la que no se muestra de la que no se habla. Y podía haber sido suelo y cielo y sólo es papel, papel y música… Música de otros, vivimos bajo un fantasma y vivimos realmente poco… 

Y pude amarte! Era cuestión de días, quizás horas pero amar es un asunto complicado, de esos en los que uno no quiere meter ni la punta de los dedos. Podía amarte inmensamente porque tienes ese dejo de olor a libertad que siempre he buscado… pero preferí convertirte en polvo y meterte debajo de la alfombra. Amarte era tan complicado! Era tu libertad con mi necesidad de tenerte, mis ganas contra tu tiempo, mis tristeza contra tu alegría constante, mi complicación con tu simpleza, mi ahora con tu “algún día”, mi antes complejo contra tu antes que duele, tus ahoras contra mis mañanas… que locura pensar en un camino juntos! Ahora todo es más claro, “juntos” requiere un mínimo de acuerdos y jamás los tuvimos… por eso el camino se ve más tranquilo solos… Y pude amarte!!!! Claro que pude haberlo hecho… era cuestión de días, quizás horas pero no quieres, pero no quiero….

jueves, 21 de octubre de 2010

A todas las historias les puse mi rostro

Me encantan los aeropuertos, me encantan hasta cuando huelen a despedidas. Creo que nací con alas... de metal, porque no me gustan los pájaros y me niego a tener alas con plumas. Me niego tanto que no toleraría ser ángel alado.
A lo que voy, hace unas semanas estuve muchas horas en un aeropuerto. Esperando. Con un aroma a bienvenida que inundaba todo. Leyendo, tomándome un café, observando desde arriba: la ventaja del vuelo.
La verdad es que me fui, no estaba ahí, mi cuerpo no me pertenecía sino que fui parte de todos. Logré conectarme con cada pecho que latía con ansías por su espera, que seguramente era mucho más larga que la mía. Imaginé historias hermosas, de esas que sólo ves en las películas, que tienes la certeza que no ocurren en la vida real. Y decidí hacerme mi propia película.
A todas las historias les puse mi rostro.
Fui recibida por mi padre, un señor mayor, que me llevó un hermoso ramo de flores. Sus ganas de verme lo hacían verse joven, era el primero detrás de la puerta de salida y sus ojos brillaban como si me viese volver a nacer.
Luego me recibió mi familia, una hermosa pequeña de 3 años en brazos del amor de la vida de ambas. Ahí estaban las sonrisas más amplias que he visto, sonrisas donde cabía el mundo entero y se transformaba en un hermoso jardín eterno, con toda la gama de colores. Un mundo para nosotros tres. El abrazo de bienvenida nos convirtió en uno de nuevo y así me fui a casa.
Me esperaban mis amigos, con pancartas, música, sombreros divertidos, corazones y gritos. El resto desaparecía, su alegría llenaba el espacio, sus colores pintaban mi país de bienvenidas. Creo que pasé mucho tiempo fuera, las lágrimas no me dejaron observar sus rostros pero podía escuchar sus voces y saber quienes estaban en esa multitud de abrazos.
También me esperabas tú… de nuevo… como lo habías hecho miles de veces antes. Yo volvía cansada de tanto mundo, con dolor de espalda, con mucho equipaje, sin haber comido, con cara de haber llorado y con la sonrisa quebrada una vez más. Me sabía esta historia de memoria pero esta vez no te veía. El aterrizaje había ocurrido hace rato y sentí de nuevo turbulencia. Me detuve. Me congelé. Dejé que salieran todos y observé todos los abrazos acumulados que tenían para darse. ¿Realmente te habías cansado de buscarme? ¿Ahora sí terminaba nuestro itinerario? ¿Me habías olvidado y esta era tu manera sutil de decírmelo? Se fueron casi todos. Mi vacío se incrementaba. ¿No estabas? Comencé a caminar de nuevo y ahí estabas, sentado, cansado del mismo mundo, con cara de haber llorado, con tu sonrisa quebrada por primera vez y dispuesto a cargar mi equipaje una vez más. Me acerqué. Solté mi equipaje. Te besé y sentí que tenía otra oportunidad. No sabía quién me la había dado o si realmente la merecía. Ahí tu sonrisa comenzó a sanar y mis colores comenzaron a aparecer. Un instante eterno de miradas sin promesas, donde los testigos se sentían pecadores al observar tanta pureza.
Esa fue la historia más hermosa, la que no vi, la que imaginé y le dibujé un rostro difuso pero con una sonrisa clara. No sé qué ocurrió después, tampoco sentí que debía saberlo. Para mí, se llevaron ese instante a su vida para siempre, ella dejó de dar vueltas y él dejó de cargar su equipaje.
Así quiero soñarlo siempre.
Y creo que aun me quedan historias por contar…